En los entornos de seguridad modernos, las actividades maliciosas se identifican examinando cómo se comportan e interactúan los usuarios, los hosts y los servidores a lo largo del tiempo. En lugar de basarse en indicadores estáticos o firmas conocidas, este método evalúa los patrones de movimiento, comunicación y progresión que se alinean con el comportamiento de los atacantes.
Este cambio es importante porque modifica la forma en que se interpreta la actividad. En lugar de tratar las alertas como eventos aislados, los equipos evalúan cómo evoluciona el comportamiento, con qué rapidez progresa y qué nivel de riesgo organizacional representa.
En la práctica, las actividades maliciosas se identifican a través de patrones, no de eventos aislados. Las acciones individuales pueden parecer inofensivas por sí solas, pero cuando se conectan a lo largo del tiempo, pueden revelar una clara historia de ataque.
Este contexto ayuda a los equipos a diferenciar entre la actividad normal y una intrusión que se está produciendo y que requiere investigación o respuesta. Para tomar esa decisión, los analistas observan los patrones de comportamiento recurrentes que suelen aparecer en los ataques de varias etapas, entre los que se incluyen:
Las amenazas se evalúan en función de cómo evolucionan los comportamientos en un entorno a lo largo del tiempo. En lugar de centrarse en alertas individuales, se evalúa cómo se agrupan los comportamientos, cómo se aceleran y cómo abarcan múltiples etapas de un ataque.
Esta evaluación tiene en cuenta varias dimensiones que determinan la urgencia y el riesgo organizativo. En conjunto, estas dimensiones explican no solo lo que está sucediendo, sino también la rapidez y el alcance con que se está desarrollando:
Los enfoques de detección tradicionales asumen que la actividad maliciosa se manifestará como un indicador conocido o una desviación evidente del comportamiento normal. Esa suposición se desmorona cuando los atacantes distribuyen la actividad, operan a bajo volumen o se mezclan deliberadamente con el tráfico esperado.
Por eso existe el análisis basado en el comportamiento: para correlacionar la actividad entre entidades y en el tiempo. Sin esa correlación, es posible que se pase por alto una vulneración en una fase temprana, mientras que la atención se centra en anomalías aisladas. Entre los modos de fallo más comunes se incluyen:
Visualice cómo se mueven los atacantes a través de la red, la identidad y cloud gráficos de ataques que correlacionan el comportamiento a lo largo del tiempo y las entidades, de modo que los analistas puedan rastrear el origen, comprender el impacto y actuar con mayor rapidez y confianza.
El comportamiento se convierte en accionable cuando los analistas pueden situar la actividad observada en una línea temporal. Al hacerlo, se aclara cómo se desarrolló una intrusión y si sigue avanzando.
Los equipos SOC suelen evaluar el comportamiento en varias etapas generales que reflejan la progresión del atacante. Estas etapas no son una lista de verificación, sino un modelo de referencia para interpretar la actividad en su contexto:
El contexto conductual reduce la incertidumbre durante la investigación y la respuesta al mostrar cómo se desarrolla la actividad a lo largo del tiempo. En lugar de reconstruir manualmente largos periodos de actividad, los equipos pueden priorizar el trabajo con mayor claridad y actuar con mayor confianza.
En la práctica, los equipos utilizan este contexto para respaldar decisiones clave durante la gestión de incidentes:
Tener una mejor visibilidad de la progresión del atacante no sustituye la investigación ni el criterio del analista. Basarse en los resultados del comportamiento como respuesta definitiva puede introducir nuevos puntos ciegos.
Los equipos deben evitar activamente estos conceptos erróneos comunes:
Uno de los principales retos del análisis del comportamiento es comprender cómo evolucionan las amenazas a lo largo del tiempo, y no solo evaluar los eventos de forma aislada. Cuando la actividad se distribuye entre distintos protocolos, herramientas o servicios, y a menudo se enmascara con un comportamiento aparentemente inofensivo, la correlación se vuelve esencial para interpretar con precisión la urgencia y el alcance.
Vectra AI aborda este reto haciendo hincapié en el comportamiento correlacionado de los atacantes y su progresión entre entidades. Se centra en crear un perfil de ataque que refleje cómo avanzan las amenazas, qué entidades están involucradas y dónde se justifican las decisiones de respuesta.
Este enfoque ayuda a los equipos a obtener claridad en varias áreas:
¿Qué equipos pueden ver con mayor claridad?
Lo que resulta más fácil de decidir
¿Qué riesgos se reducen?
Revele toda la narrativa del ataque, desde el reconocimiento hasta la respuesta, para que los equipos puedan actuar con confianza y urgencia.
Descubra cómo Vectra analiza el comportamiento de los atacantes →
No. La detección de amenazas basada en el comportamiento no sustituye a la detección basada en firmas. Los métodos basados en firmas identifican amenazas conocidas utilizando indicadores predefinidos, mientras que los enfoques basados en el comportamiento se centran en identificar patrones de comportamiento de los atacantes que pueden no coincidir con las firmas conocidas. Estos métodos abordan diferentes lagunas de detección y suelen ser complementarios, en lugar de intercambiables.
Se centra en si la actividad se ajusta a los comportamientos y la progresión conocidos de los atacantes, y no solo en si se desvía de una línea de base. La detección de anomalías destaca las actividades inusuales, mientras que la detección de comportamientos interpreta si la actividad representa una intención maliciosa a lo largo del tiempo, incluso cuando el comportamiento parece estadísticamente normal.
Los ataques en varias etapas que implican reconocimiento, comando y control, movimiento lateral y exfiltración se benefician más de la detección de amenazas basadas en el comportamiento. Estos ataques suelen utilizar actividades de bajo volumen o de apariencia legítima que evitan las alertas tradicionales, pero que se hacen visibles cuando se correlaciona el comportamiento a lo largo del tiempo y entre entidades.
No. La detección de amenazas basadas en el comportamiento destaca patrones y progresiones sospechosos, pero no confirma automáticamente una infracción. Los analistas deben seguir validando los hallazgos, evaluando el alcance y determinando las medidas de respuesta adecuadas utilizando contexto e investigaciones adicionales.
Las señales incluyen comunicación externa persistente, actividad correlacionada en múltiples etapas del ataque, movimiento inusual de datos salientes y progresión rápida entre etapas. El momento y la combinación de estos comportamientos distinguen una intrusión activa de eventos aislados.